Cita con el diablo
Dieron las doce campanadas de la medianoche de un día gélido de invierno y pronto llegarían los miembros. Emilia esperaba que todos cumplieran con las normas del reglamento: vestidos negros, trajes negros, guantes negros. Dispuso los candelabros de plata con las velas negras y un mantel de encaje también negro cubría la mesa. Emilia ató su cabello en un rodete sobre la nuca, se paró frente a la puerta con la espalda recta y los músculos en tensión. Los miembros abrieron la puerta y comenzaron a entrar con saludos imperceptibles o con sutiles movimientos de manos o inclinación de cabeza. Rodearon la mesa todos de pie cada uno de tras de una silla a la espera de la llegada del invitado más importante. La cortina de terciopelo negro que rodeaba la sala circular se abrió y apareció imponente el dios del mal, quien fue recibido con reverencias. Miró a cada una de las personas que formaban el cónclave, con una media sonrisa clavó sus ojos negros rojizos en l...