Un breve relato
El salón estaba levemente iluminado por el mortecino fuego del hogar. Una fuerte tormenta acechaba con sus ruidosos truenos y aterradores rayos. Los delicados pies descalzos pisaban la tupida alfombra; la cabellera rojiza cubría parte de su rostro y sus vivos ojos buscaban en la oscuridad. Se quedó en la penumbra en una esquina de la sala abrazando su cuerpo tembloroso. Vendría, siempre lo hacía, solo debía ser paciente y esperar en el rincón. La respiración agitada movía el encaje del camisón sobre su pecho blanco. Tapó su boca con la mano para que su excitación no delatara su presencia. Tan solo en un momento percibió el perfume que emanaba el cuerpo tan amado, tan deseado. Se asomó y lo vio, ahí estaba con el cabello lacio cayendo sobre la frente y la mirada chispeante y oscura. Corrió hacia él enlazándose en un abrazo atemporal. Ella cerró los ojos y con un hilo de voz le suplicó que la llevara con él. El joven robus...