Ejecución - relato
Dejé la cuestión y hablé de otras cosas. El hombre parecía en guardia. Me miraba retadoramente y respondía con pocas palabras a mis observaciones; no obstante, yo tenía la impresión de que nuestra conversación le resultaba agradable y, aún más: que nuestro encuentro le parecía un hecho social de alguna importancia. Era, evidentemente, un ser solitario y sus oportunidades de charla habían de ser escasas. Había tenido sus dificultades, que le habían alejado del mundo y habían hecho que se recogiera en sí mismo; pero la fibra social de su alma anacrónica no estaba totalmente insensibilizada y tuve la seguridad de que estaba contento de percibir que podía responder, aunque fuera débilmente. Al fin pasó a hacerme preguntas. Quiso saber si yo era un estudiante. Las preguntas se ahogaron con la embestida del viento cuando cambió de dirección. El mar también se había embravecido golpeando a las olas contra las piedras. Sentí que apretaba mi brazo con fuerza y...