El Baile - relato
La familia tenía una marcada inclinación en celebrar fiestas y cenas de gala, circundadas por las luces que derramaban las majestuosas arañas de cristal. Rayos de luz tornasolados con prismas refulgentes que caían como espadas cósmicas sobre los bailarines, como si Baco y Zeus unidos en complicidad fomentaran el delirio del goce y el placer. La más pequeña de tan exultante familia era la Niña Eloísa, una jovencita cuyo atractivo respondía más a su juventud que a la belleza. Heredaba de su familia el gusto por el brillo, la buena vida y la ignorancia de un mundo que se sostenía detrás de las puertas de la casona; personas que no comían manjares ni vestían sedas y encajes. Cada fiesta la Niña Eloísa esperaba con impertinente ansiedad la llegada del Capitán. Al verlo entrar y ser anunciado por los sirvientes , su cuerpo se tensaba al tiempo que la respiración agitada levantaba sus pechos redondos. Con sigilo se acercaba como un felino pronto a caza...