Retorno a Egipto

 

 


 


Creo que las personas por momentos estamos abrumadas por lo que diariamente vivimos: problemas económicos, pandemias, guerras. Es como si estuviéramos en un bucle cósmico, temporal o como se llame, en el cual vivimos todas esas desgracias que se reiteran una y otra vez.

Es así que nuestro cuerpo, mente y alma generan fugas o vivencias o experiencias de diferente tenor, para poder respirar.

Y es el episodio que transité hace días atrás. 

Tenía turno con el médico y mi esposo manejaba mientras escuchábamos música clásica. Era una tarde fría pero soleada, ideal para un paseo por las montañas, paseo obligado porque nos dirigíamos a Villa carlos Paz..

Estaba cómoda y serena, cerré los ojos un instante para sentir el sol sobre mi cara y vaya sorpresa la mía, cuando así, como si me hubieran transportado aparecí en Egipto.

Entiendo que el que lea esto pensará que una sesión con la psiquiatra es más que necesaria, lo dejo librado a la opinión de cada uno.

Y ahí estaba yo caminando sobre la arena caliente y un cielo azul que remarcaba las siluetas de las tres pirámides más antiguas y escuché una voz que decía Giza.

Caminé entre la gente, escuché voces, cánticos. El calor sobre mi piel. Era placentero estar ahí frente a los colosos y rodeada de personas que nada tenían de hostilidad, muy por el contrario eran alegres. Un joven estaba de espaldas a mi, vestido con ropas de la cintura hacia abajo y el torso desnudo. Llevaba una tiara de oro con el símbolo de la serpiente. La piel morena y brillante sobre un cuerpo joven, de músculos firmes.

Supongo que sería un principe y algo hizo que pensara que celebraba su boda porque una jovencita bella, grácil y de movimientos ligeros bailaba delante suyo invitándolo a una danza sensual, pero de reistencia y entrega. Rodeados de gente que los vitoreaba y brindaban finalizaron el baile y de un empujón nuevamante estuve sentada en la camioneta.

Miré el reloj y solo dos minutos habían transcurrido. Me sentía feliz, extasiada y con mi cabeza libre de preocupaciones.

Las pirámides aún estaban en mi retina.

Al llegar a Villa Carlos Paz una camioneta blanca se adelanta, en sus puertas llevaba el nombre de Keops. Sonreí, porque era maravilloso. Las tres pirámides que vi eran la de Keops (relizada por el faraón del mismo nombre) Kefrén y Micerino.

No pude alejar de mi mente todas esas imágnes por varios días.

Sí, quizás haya sido una fuga neptuniana o quizás entré en un bucle temporal, pero fue hermoso.


 

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