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Una visita al hogar - Relato de Claudia Lamata

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      Estaba regando las plantas del balcón, acomodando las ramas, arrancando las hojas amarillas; acomodando las camitas de mis cuatro gatos y barriendo el piso de pétalos muertos por la llegada del otoño. Satisfecha por la prolijidad que había logrado, decidí recostarme en el sofá cuando para mi asombro me vi ya ocupándolo. Miré para todos lados con la intención de que alguien me explicara lo que estaba ocurriendo, como si alguna persona pudiera hacerlo, era absurda mi reacción ya que estaba sola en mi casa. Lo único cierto es que yo misma me miraba y me sonreía. Estaba yo conmigo en el living, aunque ya no sabía si era mi casa u otra casa o la casa de yo en otro lugar. Éramos iguales pero la otra vestía diferente a mí. Tenía un traje apretado al cuerpo de color negro, botas negras y sinceramente estaba más compuesta que yo. Al menos estaba peinada… Sin demora se paró frente a mí y sonriendo me invitó a que la siguiera. No me hablaba, me transmitía sus pensamiento...

La Materia Oscura - Vicente Gigli

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                     Sintió un fuerte dolor en el pecho… Se dijo a sí mismo no es momento de distraerse y miro sobre su escritorio buscando respuestas que aún no tenía. Él era el jefe Coordinador de la Seguridad presidencial, y con todos los medios a su disposición estaba seguro de una cosa, existía un complot para asesinar al Señor presidente ejecutando el hecho con un sicario. “El más eficiente, cumplió con los objetivos de sus contratos con un 100% de validez y nunca falló. Es misterioso, no había dato biométrico alguno de él, solo su existencia y mortal eficacia durante los últimos 20 años. Lo más grave en mas de una vez, como lo era ahora fue el conocimiento que había sido contratado para asesinar. Aun así, no desistía en cumplir con su objetivo; una vez cerrado el contrato era un punto de no retorno ¿cómo puede ser tan invisible? “… Tomó su café, pero estaba muy tibio, evaluó quejarse con el cama...

Divergencia

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          El ataúd de cedro brillante con incrustaciones y molduras de plata descendía lentamente sujeto por cuerdas que hábilmente los sepultureros dejaban deslizar por las palmas de sus manos rugosas, la vida de aquellos que su próximo destino era la oscuridad de la muerte. En derredor el negro oscuro rodeaba al acto final. Se había ido un hombre joven que no había podido luchar con una enfermedad que desde niño lo había aquejado. Los pulmones incapaces de contener el aire que necesitaba para vivir se habían cerrado para siempre. Su madre una noble dama se arrodilló llorando y nombrando a su hijo. Sus lágrimas mojaron las flores que tenía en las manos que cayeron portando el dolor de su pérdida. Su padre más resistente al dolor tomó a su esposa de los hombros y la abrazo con ternura. Junto a ellos, con el cuerpo rígido y la palidez que acompaña el desconsuelo y la pena estaba Amelia, la joven prometida del extinto, que en pocos meses se hubiera transform...