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El gato y el perro

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      Cómodo en el almohadón ronronea el gato entrecerrando los ojos. Se acomoda y mira al perro que quiere ocupar su lugar. Parece dormido, pero está despierto, parece pequeño pero es grande, parece inofensivo pero es peligroso. El perro ladra, quiere el almohadón, es cómodo y mullidito. El gato está inmóvil como una estatua. El perro ladra cada vez más fuerte, salta, amaga moverlo con la pata, quiere sacarlo. El gato con su majestuosa indiferencia, lo ignora. El perro gime y desesperado se echa agotado al lado del gato. El gato abre los ojos y con su hipnótica mirada azul le dice: –De poco sirve tanto escándalo. –Es que yo tengo el mismo derecho, el almohadón es para mí también –gritó el perro enojado. –Pero qué inocente eres. ¿Crees que porque mueves la cola y lames la cara del humano, tienes privilegios? –dijo el gato con ironía. –Yo soy leal y amigo –contestó el perro furioso. –Yo soy suave, mi maullido y ronroneo es dulce y soy muy limpito –agr...

Encuentro secreto

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          Ya era tarde cuando François llegó con respiración entrecortada a la ladera oscura del bosque. Los árboles lo rodeaban lúgubres y negros. Solo arriba, entre las copas transparentes, asomaba la luz temblorosa y pálida de la luna entre las ramas, que se quejaban cuando la ligera brisa de la noche las tomaba en sus brazos. De vez en cuando resonaban extrañas llamadas de lejanos pájaros nocturnos en el apretado silencio. Los pensamientos se le paralizaron por completo en esa aprensiva soledad. François solo esperaba, esperaba y miraba fijamente si allá abajo, en la curva de la primera serpentina ascendente, asomaba la luz roja del tren. De vez en cuando consultaba nervioso el reloj y contaba los segundos. Luego volvía a prestar atención al lejano grito del tren. Pero era imaginación suya. El silencio era total. El tiempo parecía haberse congelado. ––François –– escuchó su nombre proveniente de una voz suave y apagada –– Estoy detrás de ti –– Pensé,...

La escritura -relato

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            La escritura es el camino a una aventura que permite cristalizar los pensamientos, deseos y fantasías que posee el autor. Consiste en crear una realidad de la nada , partiendo de la abstracción y del caos donde todas las ideas juegan, gritan y se confunden. El proceso creativo succiona del alma del creador la simiente, para dar forma a historias que quizás nada tengan que ver con su historia personal. Son esas sensaciones e intuiciones que pujan por salir y expresar una emoción o un sentimiento. Muy probablemente el escritor las desconozca y recién tome contacto con estas en el preciso instante de su nacimiento, cuando quedan reflejadas en el papel. Pero para esto no es necesario comprometer lo recuerdos buenos ni malos. Para el escritor es trascendental destacar lo mejor y lo peor de cada historia, con todos sus matices y disfrutar de cada cambio, de un nuevo giro. Sentir el entusiasmo creativo y el goce. Las personas que escriben siemp...

Ejecución - relato

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        Dejé la cuestión y hablé de otras cosas. El hombre parecía en guardia. Me miraba retadoramente y respondía con pocas palabras a mis observaciones; no obstante, yo tenía la impresión de que nuestra conversación le resultaba agradable y, aún más: que nuestro encuentro le parecía un hecho social de alguna importancia. Era, evidentemente, un ser solitario y sus oportunidades de charla habían de ser escasas. Había tenido sus dificultades, que le habían alejado del mundo y habían hecho que se recogiera en sí mismo; pero la fibra social de su alma anacrónica no estaba totalmente insensibilizada y tuve la seguridad de que estaba contento de percibir que podía responder, aunque fuera débilmente. Al fin pasó a hacerme preguntas. Quiso saber si yo era un estudiante. Las preguntas se ahogaron con la embestida del viento cuando cambió de dirección. El mar también se había embravecido golpeando a las olas contra las piedras. Sentí que apretaba mi brazo con fuerza y...

La Soprano - relato

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          Por última vez María se empolvó la cara y el cuello. Tenía que verse muy pálida. Volvió a mirarse con detenimiento y agregó más sombra debajo de los ojos; la tuberculosis debilitaba a las personas, pero su voz, esa noche, tenía que conmover al público. En quince minutos se abriría el telón para continuar con el segundo acto de la La Traviata. Tenía las manos húmedas por la tensión, siempre esos nervios antes de salir, ¿su voz le sería fiel? Se puso de pie y caminó por el camarín sacudiendo todo el cuerpo. Miró el reloj, faltaban ocho minutos. Con torpeza se cepilló el cabello y lo alborotó: cuando el telón se corriera , Violeta Valéry estaría acostada y escupiendo sangre y muy despeinada. Se vistió con un ancho camisón y bata blanca. Contaba con unos instantes para vocalizar unas notas para ponerse a tono. Hasta que escuchó: “Ya entrás… ”. El llamado del asistente acompañado de un golpecito seco en la puerta. Salió, descalza y con paso ráp...